Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
Escuchar Lucas 15 en audioDios no espera al hijo perdido con los brazos cruzados: lo ve de lejos, se conmueve, corre y lo abraza antes de que termine su discurso.
Los fariseos murmuran porque Jesús «a los pecadores recibe, y con ellos come» (Lucas 15:2). Él responde con tres parábolas de cosas perdidas y halladas: una oveja, una moneda y un hijo.
Pedir la herencia en vida equivalía a desear la muerte del padre. El hijo menor la malgasta entre gentiles y termina cuidando cerdos, lo más bajo para un judío. Su regreso exponía a la familia a la vergüenza pública; el padre la asume corriendo a su encuentro.
El hijo menor vuelve con un discurso ensayado: «no soy digno de ser llamado tu hijo». Viene a negociar un puesto de jornalero. Pero el padre no le deja terminar. La parábola pone el peso no en el regreso del hijo, sino en la reacción del padre.
«como aun estuviese lejos, lo vio su padre». Para verlo de lejos había que estar mirando el camino. El padre no había olvidado; esperaba. Así es Dios con el que se fue: no lo borra de su memoria, sigue mirando hacia el horizonte por donde puede volver.
Luego tres verbos que escandalizaban a los oyentes de Jesús: se conmovió, corrió y lo besó. En aquella cultura un hombre mayor y respetable no corría; tenía que recogerse la túnica y exponerse al ridículo. El padre cargó con la vergüenza pública para que el hijo no la cargara solo al entrar al pueblo.
El abrazo llega antes que la confesión completa, y la fiesta antes que cualquier periodo de prueba. Eso es gracia: la restauración no se gana con méritos de jornalero, se recibe como hijo. El hermano mayor, que se queda fuera, nos recuerda que también se puede estar lejos sin salir de casa.
Conmoverse en las entrañas. Es una compasión que se siente en el cuerpo; en los evangelios casi siempre se dice de Jesús.
Correr. Un padre de su posición no corría en público: el verbo muestra un amor que no cuida las apariencias.
Besar con efusión, una y otra vez. No es un saludo de cortesía, sino una bienvenida que restaura.
El Padre que corre se ve en el Hijo que vino a buscar lo perdido.
Jesús contó esta parábola para explicar por qué comía con pecadores: Él es la carrera del Padre hacia los que están lejos (Lucas 19:10).
El padre cargó con la vergüenza del hijo; Cristo cargó con la nuestra en la cruz, y al tercer día resucitó para que pudiéramos sentarnos a la mesa como hijos.
La fiesta de la parábola anticipa el banquete del Reino que el Cristo vivo prepara para los que vuelven.
Si te sientes lejos de Dios, no prepares un discurso para negociar: vuelve. El Padre ya está mirando el camino.
Pregúntate a quién has dejado «lejos» tú. El amor del Padre te invita a correr hacia esa persona antes de que termine de pedir perdón.
Padre, gracias porque me viste cuando aún estaba lejos. No quiero volver como jornalero, sino como hijo. Recíbeme, límpiame y enséñame a correr hacia otros como Tú corriste hacia mí. Amén.
La Biblia se explica con la Biblia. Estos pasajes iluminan Lucas 15:20.
Dios no espera al hijo perdido con los brazos cruzados: lo ve de lejos, se conmueve, corre y lo abraza antes de que termine su discurso. El hijo menor vuelve con un discurso ensayado: «no soy digno de ser llamado tu hijo». Viene a negociar un puesto de jornalero. Pero el padre no le deja terminar. La parábola pone el peso no en el regreso del hijo, sino en la reacción del padre.
En la Reina-Valera 1909, Lucas 15:20 dice: «Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.»
Autor: Lucas, el médico (c. 60 d.C.). Destinatarios: Teófilo y lectores de origen gentil. Los fariseos murmuran porque Jesús «a los pecadores recibe, y con ellos come» (Lucas 15:2). Él responde con tres parábolas de cosas perdidas y halladas: una oveja, una moneda y un hijo.
El Padre que corre se ve en el Hijo que vino a buscar lo perdido. Jesús contó esta parábola para explicar por qué comía con pecadores: Él es la carrera del Padre hacia los que están lejos (Lucas 19:10).
Si te sientes lejos de Dios, no prepares un discurso para negociar: vuelve. El Padre ya está mirando el camino. Pregúntate a quién has dejado «lejos» tú. El amor del Padre te invita a correr hacia esa persona antes de que termine de pedir perdón.
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