Sin embargo hay perdón cerca de ti, para que seas temido.
Escuchar Salmos 130 en audioEn Dios hay perdón, no para que lo tomemos a la ligera, sino para que lo temamos y amemos con reverencia.
Uno de los Salmos de los Grados cantados en el ascenso a Jerusalén. El salmo abre "De lo profundo, Jehová, a ti clamo", describe el peso aplastante de la culpa, y luego declara la realidad del perdón divino.
El versículo 4 es el giro central: la respuesta al clamor desde lo profundo es el perdón. Hay un matiz importante: "para que seas reverenciado". El perdón no produce liviandad moral sino asombro. Quien realmente ha sido perdonado queda maravillado, no engreído.
Este salmo brota "de lo profundo", del fondo de un alma abrumada por la culpa. En medio de esa angustia surge una de las verdades más liberadoras: "pero en ti hay perdón". No dice que en Dios haya solo justicia o juicio; hay perdón. La esperanza del pecador no es que Dios ignore el pecado, sino que lo perdona.
El versículo anterior lo plantea con crudeza: "si mirares a los pecados, ¿quién podrá mantenerse?". Nadie. Si Dios llevara solo cuentas, todos estaríamos perdidos. Pero no es así: en Él hay perdón, y por eso hay pie firme para el que se acerca.
Sorprende el propósito: "para que seas temido". Podríamos pensar que el perdón produciría descuido, pero produce reverencia. Un Dios que perdona a semejante costo despierta un temor de amor, no de terror. Quien es muy perdonado, mucho ama.
Este perdón anticipa la cruz, donde Dios haría posible perdonar sin dejar de ser justo. El salmista espera; nosotros miramos atrás y vemos cumplida la esperanza en Cristo.
Perdón, disposición perdonadora. Es la única vez que esta palabra aparece en los Salmos. Describe no solo el acto de perdonar sino la naturaleza misma de Dios: Él es perdonador por esencia.
Ser temido con reverencia, ser adorado con asombro. El resultado del perdón no es familiaridad descuidada sino asombro profundo. El perdonado queda maravillado, no engreído.
El "perdón" que hay "en ti" se hizo posible y seguro en Cristo.
"En ti hay perdón, para que seas reverenciado": ese perdón fluye de la sangre de Cristo, "en quien tenemos redención… el perdón de pecados" (Colosenses 1:14).
El clamor "desde lo profundo" (v.1) halla respuesta en el Resucitado, que descendió a nuestra miseria y subió victorioso.
El perdón no abarata la santidad: costó la cruz. Por eso produce reverencia y no ligereza.
Si la culpa te tiene "en lo profundo", escucha la verdad del salmo: en Dios hay perdón. No te acercas a un juez implacable, sino a un Padre que perdona.
Deja que el perdón produzca en ti no descuido, sino reverencia y amor: mientras más entiendes lo que te fue perdonado, más honras a Dios.
Este es uno de los salmos paulinos: predica el perdón por pura gracia.
Martín Lutero · Reformador, s. XVI
Señor, desde lo profundo clamo a Ti. Gracias porque en Ti hay perdón y no llevas solo cuentas de mis pecados. Que tu misericordia produzca en mí reverencia y un amor agradecido. Amén.
La Biblia se explica con la Biblia. Estos pasajes iluminan Salmos 130:4.
En Dios hay perdón, no para que lo tomemos a la ligera, sino para que lo temamos y amemos con reverencia. Este salmo brota "de lo profundo", del fondo de un alma abrumada por la culpa. En medio de esa angustia surge una de las verdades más liberadoras: "pero en ti hay perdón". No dice que en Dios haya solo justicia o juicio; hay perdón. La esperanza del pecador no es que Dios ignore el pecado, sino que lo perdona.
En la Reina-Valera 1909, Salmos 130:4 dice: «Sin embargo hay perdón cerca de ti, para que seas temido.»
Autor: Desconocido (c. 600-400 a.C.). Destinatarios: Israel. Uno de los Salmos de los Grados cantados en el ascenso a Jerusalén. El salmo abre "De lo profundo, Jehová, a ti clamo", describe el peso aplastante de la culpa, y luego declara la realidad del perdón divino.
El "perdón" que hay "en ti" se hizo posible y seguro en Cristo. "En ti hay perdón, para que seas reverenciado": ese perdón fluye de la sangre de Cristo, "en quien tenemos redención… el perdón de pecados" (Colosenses 1:14). Y la cruz no fue el final: al tercer día Cristo resucitó, y vive.
Si la culpa te tiene "en lo profundo", escucha la verdad del salmo: en Dios hay perdón. No te acercas a un juez implacable, sino a un Padre que perdona. Deja que el perdón produzca en ti no descuido, sino reverencia y amor: mientras más entiendes lo que te fue perdonado, más honras a Dios.
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