Lee Ezequiel 3 completo en la Reina-Valera 1909 y escúchalo en audio, gratis y sin registro. En la app, mientras suena, la palabra que se oye se ilumina en oro.
1Y me dijo; Hijo del hombre, come lo que hallares; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.
3Y me dijo: Hijo del hombre, haz a tu vientre que coma, y hinche tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y comílo, y fue en mi boca dulce como miel.
4Me dijo luego; Hijo del hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.
5Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel.
6No a muchos pueblos de profunda habla ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran.
7Pero la casa de Israel no te querrán oir, porque no me quieren oir a mí; porque toda la casa de Israel son tiesos de frente, y duros de corazón.
8He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra su frente.
9Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde.
10Y me dijo: Hijo del hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
11Y ve, y entra a los trasportados, a los hijos de tu pueblo, y les hablarás y les dirás; Así ha dicho el Señor Jehová; escuchen, ó dejen de escuchar.
12Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de grande estruendo, que decía; Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar.
13Oí también el sonido de las alas de los animales que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de grande estruendo.
14Me levantó pues el Espíritu, y me tomó; y fuí en amargura, en la indignación de mi Espíritu; pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí.
15Y vine a los trasportados en Telabib, que moraban junto al río de Chebar, y asenté donde ellos estaban asentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.
16Y aconteció que al cabo de los siete días fue a mí palabra de Jehová, diciendo;
17Hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás pues tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.
18Cuando yo dijere al impío; De cierto morirás; y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea preparado de su mal camino, a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.
19Y si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad, y de su mal camino, él morirá por su maldad, y tú habrás librado tu alma.
20Y cuando el justo se apartare de su justicia, y hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano.
21Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.
22Y fue allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.
23Y levantéme, y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río de Chebar; y caí sobre mi rostro.
24Entonces entró Espíritu en mí, y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.
25Y tú, oh hijo del hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.
26Y haré se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos hombre que reprende; porque son casa rebelde.
27Pero cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás; Así ha dicho el Señor Jehová; El que oye, oiga; y el que cesa, cese; porque casa rebelde son.
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