Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, pero vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.
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1Después, pasados catorce años, fuí otra vez a Jerusalem juntamente con Bernabé, tomando también conmigo a Tito.
2Sin embargo fuí por revelación, y comuniquéles el evangelio que predico entre los Gentiles; pero particularmente a los que parecían ser algo, por no correr en vano, ó haber corrido.
3Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fue compelido a circuncidarse.
4Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre;
5A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetándonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
6Sin embargo de aquellos que parecían ser algo (cuáles hayan sido algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), a mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron.
7Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión,
8(Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisión, hizo también por mí para con los Gentiles;)
9Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros fuesemos a los Gentiles, y ellos a la circuncisión.
10Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fuí también diligente en hacer.
11Sin embargo viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar.
12Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; pero después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.
13Y a su disimulación consentían también los otros Judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su simulación.
14Pero cuando vi que no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos; Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes a los Gentiles a judaizar?
15Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles,
16Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuesemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.
17Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.
18Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.
19Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios.
20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, pero vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.
21No desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.
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Estudio · Gálatas 2:20
Qué significa Gálatas 2:20
La vida cristiana no es yo esforzándome por Dios, sino Cristo viviendo en mí por la fe.
Pablo describe el corazón de la vida cristiana con una paradoja: "con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo". El viejo yo, el que intentaba justificarse por sus obras, murió con Cristo en la cruz. La vida cristiana empieza con una muerte: la del ego que quiere ser su propio salvador. Y la cruz no fue el final: al tercer día Cristo resucitó, y vive.