Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.
Escuchar Colosenses 3 en audioAntes de aplicar este versículo a una reunión del lunes por la mañana, hay que saber a quién se lo escribió Pablo originalmente. No a ejecutivos. No a artistas creativos con trabajo significativo. Lo escribió a esclavos. El versículo está en una sección donde Pablo da instrucciones a amos y siervos, y el que tenía el trabajo menos digno y menos elegido del mundo recibe este consejo: hazlo de corazón, como para el Señor.
Eso le quita cualquier sabor a motivación de cartel de oficina. Si aplica a un esclavo que no eligió su trabajo, aplica en cualquier trabajo, incluyendo el que más te aburre, el que sientes que no merecías, el que nadie valora.
La frase «de corazón» traduce el griego ek psyches, literalmente «desde el alma», «desde adentro». No es una instrucción de actitud superficial: «sé positivo en el trabajo». Es una orientación de quién eres mientras trabajas. Trabajar ek psyches significa que lo que sale en el trabajo viene de algo más profundo que la obligación o el sueldo: viene de quien eres, de lo que crees que vale la pena.
Pablo no pide que el esclavo finja disfrutar su situación. Pide que la manera en que trabaja sea la expresión de algo verdadero en su interior, no solo la respuesta al ojo del amo.
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque á Cristo el Señor servís.
— Colosenses 3:23-24, Reina Valera 1909El corazón del versículo está en la preposición: «como para el Señor y no para los hombres». Pablo no dice que ignores a las personas a las que sirves. Dice que cambies tu audiencia principal. Y cambiar la audiencia lo cambia todo.
Cuando trabajas para los hombres —para el jefe, para los clientes, para el reconocimiento—, tu desempeño depende de si te ven. Si nadie nota lo que hiciste, la motivación se evapora. Si el jefe no aprueba, el trabajo pierde sentido. Pero cuando la audiencia es el Señor, el trabajo tiene un testigo constante al que le importa la calidad incluso cuando nadie más mira.
Martín Lutero revolucionó la comprensión del trabajo ordinario cuando enseñó que el zapatero que hace buenos zapatos honra a Dios tanto como el predicador que da buenos sermones. La dignidad no la da el tipo de trabajo, sino el para quién del trabajo. Si hoy tu trabajo te parece invisible, poco valorado, o muy por debajo de lo que mereces —la pregunta que este versículo te hace no es «¿cuándo te van a reconocer?» sino «¿para quién estás realmente trabajando?»
El siguiente versículo añade por qué esta audiencia importa: «sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia». Al esclavo que no podía heredar nada legalmente, Pablo le dice que tiene una herencia garantizada —no de su amo terreno, sino del Señor. La recompensa no depende de que te vean, de que te paguen bien, de que te reconozcan. Viene de una fuente diferente y no puede arrebatársela ningún sistema injusto.
Eso no resuelve las injusticias del mundo laboral, ni normaliza el abuso. Pero le da a quien trabaja en condiciones difíciles una dignidad que nadie le puede quitar: la dignidad de trabajar, hoy, en este momento, como si el Señor estuviera mirando. Porque está mirando.
Señor, hoy tomo mi trabajo —cualquier cosa que sea, aunque parezca pequeña— y cambio de audiencia. No lo hago para que me vean, para que me valoren, para el sueldo que viene. Lo hago para ti. Dame esa orientación desde el alma que transforma cualquier tarea en algo con dignidad. Y cuando nadie más lo note, recuérdame que tú sí. Amén.
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Abrir en Sonido de VidaEl original griego dice ek psyches, literalmente 'desde el alma', 'desde adentro'. No es una instrucción de actitud superficial ('sé positivo'), sino una orientación de quién eres mientras trabajas. Trabajar ek psyches significa que lo que produces sale de algo más profundo que la obligación: sale de quien eres y de lo que crees que vale la pena.
A esclavos. El versículo está en una sección de instrucciones a amos y siervos, y Pablo dirige este consejo al que tenía el trabajo menos elegido y menos digno del mundo. Eso le quita cualquier sabor a motivación de cartel de oficina: si aplica a un esclavo, aplica en cualquier trabajo, incluyendo el que más aburre o el que nadie valora.
Es un cambio de audiencia principal. Cuando trabajas para los hombres, tu motivación depende del reconocimiento ajeno: si nadie nota tu trabajo o el jefe no aprueba, el sentido se evapora. Cuando la audiencia es el Señor, el trabajo tiene un testigo constante que valora la calidad incluso cuando nadie más mira.
La 'recompensa de la herencia' del Señor, no del amo terreno. Al esclavo que legalmente no podía heredar nada, Pablo le garantiza una herencia que no depende de que lo vean ni de que lo paguen bien. Ningún sistema injusto puede arrebatarla. Eso no normaliza el abuso, pero da una dignidad que nadie puede quitarte.