Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos; que Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará.
Escuchar Deuteronomio 31 en audioEl valor que Dios pide se apoya en una promesa: Él va delante y no suelta a los suyos.
Moisés se despide del pueblo y presenta a Josué como su sucesor. Antes de morir anima a Israel a no temer a las naciones de Canaán.
Cuarenta años antes, el miedo a los gigantes de Canaán había hecho retroceder a la generación anterior (Números 13-14). Moisés no quiere que la historia se repita.
Moisés tiene ciento veinte años y sabe que no cruzará el Jordán. El pueblo va a entrar en una tierra con ciudades amuralladas sin el líder que lo acompañó cuarenta años. Es un momento de despedida y de miedo.
«Esforzaos y cobrad ánimo». Son dos verbos que en hebreo hablan de afirmarse y de hacerse fuerte por dentro. No es una arenga para sentirse valiente, sino un mandato que tiene un porqué.
El porqué es la presencia de Dios: «Jehová tu Dios es el que va contigo». El líder humano se va; Dios se queda. La seguridad del pueblo nunca estuvo en Moisés, sino en el Dios de Moisés.
«No te dejará ni te desamparará». La primera palabra significa aflojar la mano; la segunda, abandonar. Dios promete no soltar y no dejar atrás. Hebreos 13:5 retoma esta promesa para todos los creyentes.
Ser fuerte, afirmarse, agarrarse con fuerza.
Ser valiente, fortalecerse por dentro. Va casi siempre unido a jazak.
Aflojar, soltar, dejar caer. Dios promete no aflojar su mano.
Abandonar, dejar atrás. Es el verbo hebreo del Salmo 22:1, el clamor que Jesús repitió en la cruz (Mateo 27:46).
Cristo fue desamparado para que nosotros nunca lo seamos.
En la cruz Jesús clamó: «¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). Cargó con el abandono que merecíamos.
Resucitado, prometió: «estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20). La promesa de Moisés se cumple en Él.
Como Josué tomó el relevo de Moisés, Jesús —cuyo nombre es la forma griega de Josué— nos lleva a la herencia prometida.
Si alguien en quien te apoyabas ya no está, recuerda que tu seguridad nunca dependió de esa persona, sino de Dios, que sigue contigo.
Escribe la promesa «no te dejará ni te desamparará» y llévala contigo ante el reto que te da miedo esta semana.
Dios fiel, Tú vas delante de mí. Cuando lo conocido se acaba y lo nuevo me asusta, afírmame por dentro. Gracias porque no me sueltas ni me dejas atrás. Amén.
La Biblia se explica con la Biblia. Estos pasajes iluminan Deuteronomio 31:6.
El valor que Dios pide se apoya en una promesa: Él va delante y no suelta a los suyos. Moisés tiene ciento veinte años y sabe que no cruzará el Jordán. El pueblo va a entrar en una tierra con ciudades amuralladas sin el líder que lo acompañó cuarenta años. Es un momento de despedida y de miedo.
En la Reina-Valera 1909, Deuteronomio 31:6 dice: «Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos; que Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará.»
Autor: Moisés (c. 1400 a.C. (fecha tradicional)). Destinatarios: Israel a punto de entrar en Canaán. Moisés se despide del pueblo y presenta a Josué como su sucesor. Antes de morir anima a Israel a no temer a las naciones de Canaán.
Cristo fue desamparado para que nosotros nunca lo seamos. En la cruz Jesús clamó: «¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). Cargó con el abandono que merecíamos. Y la cruz no fue el final: al tercer día Cristo resucitó, y vive.
Si alguien en quien te apoyabas ya no está, recuerda que tu seguridad nunca dependió de esa persona, sino de Dios, que sigue contigo. Escribe la promesa «no te dejará ni te desamparará» y llévala contigo ante el reto que te da miedo esta semana.
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