No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
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1Escuchadme, islas, y esfuercense los pueblos; alléguense, y entonces hablen; estemos juntamente a juicio.
2¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y lo hizo enseñorear de reyes: los entregó a su espada como polvo, y a su arco como hojarascas arrebatadas?
3Los siguió, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado.
4¿Quién obró y hizo esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los últimos.
5Las islas vieron, y tuvieron temor; los términos de la tierra se espantaron; congregáronse, y vinieron.
6Cada cual ayudó a su cercano; y a su hermano dijo: Esfuerzate.
7El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo, Buena está la soldadura; y lo afirmó con clavos, porque no se moviese.
8Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, semilla de Abraham mi amigo.
9Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije; Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.
10No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
11He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán, los que disputan contigo.
12Los buscarás, y no los hallarás, los que tienen disputa contigo; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen guerra.
13Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé.
14No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel.
15He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados tornarás en paja.
16Los aventarás, y los llevará el viento, y esparcirálos el torbellino. Tú sin embargo te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel.
17Los afligidos y necesitados buscan las aguas, que no hay; se secó de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.
18En los altos abriré ríos, y fuentes en mitad de los llanos; tornaré el desierto en estanques de aguas, y en manaderos de aguas la tierra tierra firme.
19Daré en el desierto cedros, espinos, arrayanes, y olivas; pondré en la soledad hayas, olmos, y álamos juntamente;
20Porque vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo crió.
21Alegad por vuestra causa, dice Jehová: exhibid vuestros fundamentos, dice el Rey de Jacob.
22Traigan, y anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su fin, y hacednos entender lo que ha de venir.
23Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; ó a lo menos haced bien, ó mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos.
24He aquí que vosotros sois de nada, y vuestras obras de vanidad; abominación el que os escogió.
25Del norte desperté uno, y vendrá; del nacimiento del sol llamará en mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero.
26¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos: ó de tiempo atrás, y diremos; Es justo? Cierto, no hay quien anuncie, sí, no hay quien enseñe, ciertamente no hay quien oiga vuestras palabras.
27Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sión, y a Jerusalem daré un portador de alegres nuevas.
28Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y ningún consejero hubo; preguntéles, y no respondieron palabra.
29He aquí, todos iniquidad, y las obras de ellos nada; viento y vanidad son sus vaciadizos.
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Estudio · Isaías 41:10
Qué significa Isaías 41:10
El antídoto de Dios contra el miedo no es un cambio de circunstancias, sino su presencia: "estoy contigo".
Dios habla a un pueblo aterrorizado ante el poder de Babilonia. No minimiza la amenaza ni promete que el peligro desaparecerá; hace algo mejor: se pone en medio. "No temas, porque yo estoy contigo". La razón para no temer nunca es que el problema sea pequeño, sino que Dios es grande y está presente.