Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de Espíritu, para hacer vivir el Espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
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1Perece el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.
2Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.
3Pero vosotros llegaos acá, hijos de la agorera, generación de adúltero y de prostituta.
4¿De quién os habéis mofado? ¿contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, semilla mentirosa,
5Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?
6En las pulimentadas piedras del valle está tu parte; ellas, ellas son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas?
7Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama; allí también subiste a hacer sacrificio.
8Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo; porque a otro que a mí te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu cama, y hiciste con ellos alianza; amaste su cama donde quiera que la veías.
9Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta el profundo.
10En la multitud de tus caminos te cansaste, pero no dijiste; No hay remedio; hallaste la vida de tu mano, por tanto no te arrepentiste.
11¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he yo disimulado desde tiempos antiguos, y nunca me has temido?
12Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán.
13Cuando clamares, líbrente tus allegados; sin embargo a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; pero el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad.
14Y dirá; Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo.
15Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de Espíritu, para hacer vivir el Espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
16Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar; pues decaería ante mí el Espíritu, y las almas que yo he criado.
17Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí mi rostro y ensañéme; y fue él rebelde por el camino de su corazón.
18Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consuelos, a él y a sus enlutados.
19Crío fruto de labios; Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová: y sanarélo.
20Pero los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo.