Pero el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed; pero el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
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1De manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
5Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a José su hijo.
6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó a la fuente. Era como la hora de sexta.
7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dice: Dame de beber.
8(Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.)
9Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
12¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14Pero el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed; pero el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla.
16Jesús le dice: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;
18Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19Dícele la mujer; Señor, paréceme que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21Dícele Jesús; Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los Judíos.
23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25Dícele la mujer; Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; pero ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?
28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a aquellos hombres:
29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿si quizás es éste el Cristo?
30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo; Rabbí, come.
32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33Entonces los discípulos decían el uno al otro; ¿Si le habrá traído alguien de comer?
34Díceles Jesús; Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35¿No decís vosotros; Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo; Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.
37Porque en esto es el dicho verdadero; Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y os vosotréis entrado en sus labores.
39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo; Que me dijo todo lo que he hecho.
40Viniendo pues los Samaritanos a él, rogáronle que se quedase allí; y se quedó allí dos días.
42Y decían a la mujer; Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
43Y dos días después, salió de allí, y fuese a Galilea.
44Porque el mismo Jesús dio testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
45Y como vino a Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
46Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47Este, como oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y rogábale que descendiese, y sanase a su hijo, porque se comenzaba a morir.
48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50Dícele Jesús; Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó a la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo; Tu hijo vive.
52Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54Esta segunda señal volvió Jesús a hacer, cuando vino de Judea a Galilea.
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